RADIOFONÍA ARGENTINA

Cien años de la radiofonía | 2020

El 27 de agosto se celebraron los cien años de la primera transmisión de radio en el mundo, producida en nuestro país en 1920. Primer centenario de la radiofonía argentina y mundial.

Todo comenzó con un médico y tres estudiantes de medicina, cuatro batas blancas que integraban por la década de 1910 algo así como el Club Argentino de Radio, una comunidad de entusiastas que a raíz del arribo de Guglielmo Marconi en 1909, a bordo del barco «Princesa Mafalda», invitado en el marco de los festejos del centenario de Revolución de Mayo de 1810, efectuaron desde la localidad de Bernal, en el Gran Buenos Aires, la primera recepción inalámbrica en nuestro país, de señales producidas en Europa. Así, quedaron impulsados a descubrir el nuevo mundo que se abría con esta tecnología.

Guglielmo Marconi (1874-1937) había nacido en Bologna (Italia), una de las ciudades importantes del norte de Italia y  es reconocido como uno de los aportantes al desarrollo de las radiocomunicaciones. Co-inventor de la radio, Premio Nobel en Física en 1909,  junto a Carl Ferdinand Braun en reconocimiento a sus contribuciones en el desarrollo de la telegrafía inalámbrica (la telegrafía si hilos) es decir, la comunicación a través de las llamadas ondas hertzianas. Y esto lo logró con apenas 22 años.

Y lo que resulta obvio preguntarse es ¿pero qué son las ondas hertzianas? ¿Y quién las descubrió?. El descubierto es un físico alemán, llamado Heinrich Hertz, por eso la denominación de ondas hertzianas. Este, había descubierto, unos ocho o diez años antes, que existían en la atmósfera -aunque invisibles al ojo humano- unas ondas electromagnéticas.  Puede surgir esta pregunta ¿Por qué se llaman ondas? Esto se explica de la siguiente manera: «se llaman ondas, porque realmente describen en el espacio, movimientos ondulatorios. Y la cantidad de oscilaciones por segundo que realiza una onda, se llama frecuencia. De ahí que esto permite establecer la frecuencia, el lugar en el espectro radiofónico de una emisora de radio.

Recién en el siglo XX se tuvo la convicción de que las ondas hertzianas no se desplazaban en línea recta, sino que seguían la curvatura de la tierra.

Pero un hombre fue muy importante para que hoy estemos compartiendo lo que la radiofonía argentina entrega en el éter (espacio intangible): Enrique Telémaco Susini.

Había nacido en Entre Ríos, como quien escribe, el 31 de enero de 1891, hijo de una eminencia científica, el doctor Telémaco Susini, profesor de anatomía patológica en la Universidad de Buenos Aires y el primer otorrinolaringólogo del país. En 1906, su padre asumió la posición de cónsul argentino en Viena, capital del Imperio austrohúngaro. Esto permitió al joven Susini, quien había recibido su diploma de escuela secundaria un año antes a la edad de 14 años, asistir al conservatorio  Imperial de Viena, donde recibió formación profesional en canto y violín. También estudió fugazmente  física y química en Berlín y París. Retornó a la Argentina, radicándose en Buenos Aires en 1909 para iniciar sus estudios de medicina en la Facultad donde su padre había enseñado. En 1913, a la edad de 22 años, recibió su diploma de doctor en Medicina, luego de escribir una galardonada tesis.

Además de médico brillante fue músico y compositor, el primer cineasta argentino premiado en un festival de cine, precursor, inventor, investigador científico, empresario, y promotor cultural. Y el trazo final sobre Enrique Susini lo dio Albert Einstein, el padre de la Teoría de la Relatividad, en 1925. No dudó en calificarlo como «una de las primeras inteligencias de la Argentina».

En 1915, la comunidad de la radio se había convertido en un grupo lo bastante grande y notorio como para figurar en la nota de un diario mencionando que los aficionados «forman una especie de fraternidad, intercambiando noticias, hablando unos con otros a través de grandes distancias e incluso transmitiendo pequeños conciertos de piano y violín a través de sus conexiones».

Susini, junto con su sobrino Miguel Mujica y sus amigos César Guerrico y Luis Romero Carranza formaban parte de esta comunidad y pronto adquirieron el apodo de «Locos de la azotea» debido a que su hobby involucraba maniobras casi acrobáticas para poder colocar las antenas de hilo largo, que se utilizaban por aquellos días, en las terrazas de altos edificios. Durante este tiempo, el grupo jugaba con la idea de utilizar la radio como medio de difusión cultural, algo a lo que Susini luego definiría como su pasión, compartida con el teatro y la música.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en Europa, las comunicaciones por radio se convirtieron en una tecnología de gran importancia militar. Es en este escenario, que al entrerriano Enrique Susini, en ese momento médico otorrinolaringólogo  trabajando para el Ministerio de Marina, se le presentó una gran oportunidad como resultado de su experiencia militar. Luego del final de la guerra hacia finales de 1918, fue enviado a Francia a estudiar los efectos de la guerra química en el sistema respiratorio y mientras realizaba sus investigaciones, pudo adquirir, pese a las restricciones, equipos de radio militar de rezago, excedentes de la guerra, que luego trajo a Argentina. Una anécdota de la época cuenta que  estaba fascinado por los avances en la radio producidos por las válvulas de emisión termoiónicas. Según trascendió, no dudó en conseguirlas y traer al  país, de contrabando, válvulas escondidas en su saco, pues su uso era estratégico y de aplicación militar.

Su regreso a Argentina, en 1919, le permitió trabajar en la reconversión de un viejo lugar de espectáculos circenses el Teatro Coliseo, ubicado frente a plaza Libertad, entre las calles Cerrito y Charcas, hoy Marcelo T. de Alvear en la CABA.

Junto con sus amigos, comenzó a planear la realización de una transmisión de difusión general desde allí, algo que fue incentivado por los dos dueños italianos del teatro, Faustino da Rossa y Walter Mocchi.

Ya en 1920, mientras el grupo (Susini, Mujica  de 18 años, Guerrico de 22 años, y Romero Carranza de la misma edad) estaba trabajando en el proyecto, llegaron versiones, según las cuales, Guglielmo Marconi habría realizado exitosamente la «transmisión experimental» de un concierto de la soprano australiana Nellie Melba de hasta 30 minutos de duración, desde su fábrica en Chelmsford, Inglaterra, el 15 de junio.

                                                                                Teatro Coliseo | 1920

Aunque esto podría haber sido una desilusión, por no haber sido su transmisión, tal vez, la primera del mundo, los preparativos continuaron sin desánimo, y el 27 de agosto de 1920, «los locos de la azotea» estaban listos con un transmisor de apenas 5 Watts (en antena), armado con partes de desguace de equipos y válvulas TM, en la azotea del teatro, una antena tirada hasta una cúpula cercana y un micrófono en un palco del paraíso, originalmente  diseñado para equipos de ayuda a hipoacúsicos (personas con pérdida auditiva), para transmitir la ópera Parsifal de Richard Wagner, dirigida por Félix von Weingarten, y la transmisión que se realizó bajo el nombre «Sociedad Radio Argentina» la que se inició alrededor de las 20:30 con Enrique Susini, por entonces de 29 años, tomando el micrófono y diciendo  estas palabras: «Señoras y señores, la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Richard Wagner, Parsifal, con la actuación del tenor Maestri, el barítono Aldo Rossi Morelli y la soprano argentina Sara César, todos con la orquesta del teatro Costanzi de Roma, dirigida por el maestro Félix von Weingarten». La transmisión de la obra completa duró, aproximadamente, 3 horas y de esta manera, «los locos de la azotea» dieron comienzo a la radiodifusión en Argentina.

El diario La Razón, del periodista José A. Cortejarena, publicó una nota muy alentadora e incluso el presidente Hipólito Yrigoyen felicitó a Susini. Impresionado por este acontecimiento,  Hipólito Irigoyen (UCR) inmortalizó una frase: «Cuando los jóvenes juegan a la ciencia, es porque tienen el genio adentro».

La puesta en el aire era precaria, pero la única posible para unos pocos receptores de radios a galena (se estiman cincuenta). Por otra parte, el número de oyentes estimado rondaría una cifra similar. La emisión radial continuó los días siguientes. Durante 19 días, la transmisión fue desde el teatro, principalmente óperas italianas como Aída y Rigoletto, de Verdi. Luego de que la temporada del Teatro Coliseo terminara, comenzaron a realizar producciones propias, ahora conocidos oficialmente como «LOR Radio Argentina» (la primera «broadcasting»-radiodifusora en inglés- de la Argentina). Y habían trasladado sus operaciones a la terraza de la casa de remates de Guerrico y Williams, en Carlos Pellegrini al 1000.

El 12 de octubre de 1922, Radio Argentina realizó otra proeza. Transmitió, por primera vez, en vivo la asunción presidencial de Marcelo Torcuato de Alvear. Esta emisora pionera continuó transmitiendo hasta su cierre, por problemas económicos, el 31 de diciembre de 1997.

Al comienzo, era manejada por los cuatro amigos. El políglota Susini, cantaba él mismo canciones en español, francés, alemán, italiano y ruso, asumiendo cada vez personajes con nombres diferentes para que sus oyentes no lo notaran.

A ellos se le sumó Adolfo Cirulli que, con 13 años de edad, se convirtió en el colaborador más eficaz de Susini y «los locos de la azotea», formando parte entonces de los pioneros de la radio. Este jovencito recreó por primera vez, el perfil del operador, locutor (speaker) y musicalizador (disc-jockey). Si bien todavía no había una terminología para cada rol desempeñado en la radio, podemos decir que Cirulli fue operador de sonido, disc jockey, locutor, productor y asistente de primera categoría. Cada 15, 30, y 60 minutos golpeaba sobre una lata de aceite vacía, anunciando la hora oficial.

Durante los siguientes años, la radiodifusión en Argentina vivió una rápida expansión. En 1921, el intendente de Buenos Aires, Juan Barnetche introdujo la emisión oficial de licencias de radiodifusión. El mismo año, se formó el Radio Club Argentino, transformándose en la primera asociación de su tipo en tierras americanas.

La pregunta que cabe es  ¿Es la primera transmisión del mundo o no? Y si lo es, ¿por qué?. La respuesta es muy simple pero las dudas fueron «instaladas».  Lo explico así, porque es algo que durante años trataron, desde diferentes  entidades de un amplio universo de intereses del mundo,  de  desacreditar a «los locos de la azotea» porque «al mundo» le «costó entender y aceptar este acontecimiento histórico realizado en Argentina. Digámoslo con todas las letras: «no lo aceptaron porque el marqués Ingeniero Marconi junto a otros estaban dedicados exclusivamente a esto y recibiendo importantes incentivos económicos para avanzar en su desarrollo. Pero un médico y tres estudiantes de medicina, argentinos, concretaron lo que aún no habían podido europeos y norteamericanos rentados. Y solo para demostración de ello hay que prestar atención cuando «googleamos» y buscamos, el hecho no aparece como tal, y así se desdibuja la realidad, se instala una falsedad, surge la confusión y se pierde la verdad.

Fundamentalmente, se manipuló, aún más, desde que internet se hizo presente en nuestras vidas. Pero aunque al mundo le cueste aceptar, durante los años que llevo vividos, mis ancestros y quienes me precedieron dejaron muy claro que «la primera transmisión de radio del mundo es  definitivamente de Argentina». Completo la respuesta con lo siguiente: «fue la única hasta entonces regular, sistemática y dirigida a un público, la primera transmisión radial con continuidad». Así lo remarcó, una y otra vez, el entrerriano gualeyo Enrique Telémaco Susini, para que propios y extraños acepten esto que es la verdad.

Con el paso de los años un extracto de una nota gráfica es contundente con el objetivo de «los locos de la azotea»: «Éramos médicos estudiosos de los efectos eléctricos en medicina y también radioaficionados lo suficientemente bien informados como para estar a la vanguardia. Pero, básicamente, éramos personas imaginativas, amantes de la música y el teatro. Por eso se nos ocurrió que este maravilloso invento podía llegar a ser el más extraordinario instrumento de difusión cultural», dijo Susini  para el mundo, para que quien pueda oír que oiga, pero sepan que escuchar es lo importante.

En 1934 se llevó a cabo en Buenos Aires el «Primer Congreso Internacional de Radio», que contó con la participación de cuarenta países. En el cierre se decretó al 27 de agosto como el Día de la Radiodifusión Mundial.

Susini, durante las décadas de 1920 y 1930, se convirtió en un exitoso empresario de las nacientes industrias de la radio y el cine. Siguiendo su carrera en los medios, también fue fundador de los estudios de cine Lumiton y fue el director General de la primera transmisión de televisión en Argentina realizada por Canal 7, hoy Televisión Pública, en 1951.

Los locos de la radio,  estamos en sociedad con la tarea de construir un mundo mejor y con la locura para vivir la vida, una pasión que pasará de generación en generación, que será tan eterna como la humanidad misma, porque puede acompañar, entretener, comunicar, informar, ilustrar, enseñar, contar, ser un factor determinante en la vida, en las decisiones sociales y económicas de todas la comunidades que interactúan en el planeta.

Hay mucho más para compartir de este fascinante centenario y  ustedes son parte fundamental de esta historia. Sin «el escucha», la radiofonía no existiría.

                                               Declaración de Enrique Telémaco Susini, el 27 de Agosto de 1968

 

 

 

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